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Cuento: La noticia de Dios.

Por: Alexander Buitrago, FSC: Literato:Universidad de Los Andes - Bogotá | Especialista en Gerencia Educacional : Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja / | Licenciatura en Ciencias Religiosas: Universidad de La Salle - Bogotá.

Por: Servicio de Comunicaciones y Publicaciones

Para Tesalia

La noticia de que Dios iba a llegar al pueblo alertó a todos, incluso al alcalde quien, apresurado, canceló todos sus compromisos con el fin de adelantar los preparativos para recibirlo con todos los honores. Así que, a puerta cerrada, y como si se tratara de un secreto de estado, se reunió con las más altas personalidades del pueblo. Ahí estaba monseñor, el barbero del pueblo, varios concejales, el delegado de la junta de acción comunal y el presidente de la fundación “amigos de camino” encargada de promover el turismo en la región. Habían decidido invertir del rubro presupuestal para recibir con todos los honores a Dios, al Alfa y la Omega, el principio y el fin, el constructor de universos, el Creador del Génesis, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

En todo caso y como siempre sucede en estos casos el rumor de la llegada de Dios se extendió como fuego por el pueblo. La llegada de Dios puso a todos alerta y no era para menos porque alguien tan prestante e importante requería de por lo menos una gran celebración de bienvenida. Al fin de cuentas era nuestro creador y salvador y había que esforzarse para atenderlo del mejor modo. Y así fue que se preparó el gran recibimiento con orquesta, el grupo juvenil estaría a cargo de esperarlo a la entrada del pueblo con carteles y regalando abrazos y sonriendo, los catequistas y todos los demás niños harían una calle de honor para recibir a quien pensaban llegaría en limusina y custodiado por escoltas altamente armados y helicópteros además de todo un despliegue de periodistas quienes cubrirían todo ese magnífico evento único en la historia, Dios en persona vendría y sanaría a enfermos y lisiados, haría andar a los cojos, perdonaría a los pecadores y traería al redil a las ovejas descarriadas del rebaño.

Todo estaba preparado e incluso las poblaciones cercanas decoraron el pueblo con flores y regalos y todos los pobladores trajeron sus mejores productos para ofrecer a bajo costo ya que nadie quería hacer su agosto, nadie quería aprovecharse de nadie y menos en presencia de Dios. Digamos que también hubo perdones a última hora, reconciliaciones de último minuto, deudas que se olvidaron para siempre. Era Dios quien llegaba al pueblo. Nadie más y nadie menos.

Sin embargo, pasaron y pasaron los días y Dios no llegaba, no aparecía ni con escoltas ni limusinas ni descendía del cielo en helicóptero, Dios venía a pie y descalzo, venía con un costal pesado al hombro y sin carruaje ni despliegue de los medios de comunicación, venía cansado y malherido después de recorrer distancias y distancias, tenía sed y buscaba solo orar un momento en la iglesia antes de seguir su camino, pero solo los niños reconocieron por gracia divina a Dios en aquel hombre cansado y enfermo, solo los niños comprendieron con los ojos del corazón que ese viejo cansado y fatigado era Dios y, como en el evangelio de Mateo, se acercaron, le ayudaron con el costal fatigante que traía al hombro, llevaron al viejo a la sombra del mejor árbol del pueblo, le dieron agua, mucha agua para saciar su sed y escucharon la historia de su vida, la historia de Dios, porque vieron en este pobre la inmensidad y la maravilla de su corazón, del corazón de Dios que esparce su bondad entre todos nosotros como en la parábola del sembrador para dar vida y ser árboles y amar y ser amados incluso más allá de la muerte, es decir, resucitar siempre.

Desde entonces, los habitantes de Tesalia ven esperanzados a sus niños y jóvenes porque ellos pueden reconocer con el corazón y la fe, los milagros que Dios continúa realizando en aquel maravilloso pueblo, las sanaciones diarias que suceden a partir de los abrazos, los ciegos que pueden ver a Dios todos los días en sus vidas y el agua pura del amor que se otorga a todo aquel que en Tesalia llegue cansado, sudoroso y sediento, los enfermos que son reconfortados con la eucaristía de la sonrisa diaria y el beso, la maravilla de la vida y del amor que nos transforma desde dentro para oír a Dios, al Dios de la vida.

Por: Alexander Buitrago, FSC