Espiritualidad Lasallista

¡Viva Jesús en nuestros corazones! Niños, niñas, jóvenes, Hermanos, docentes, padres de familia y muchas más personas sentimos que el lasallismo es el estilo de acercarnos a un Dios que quiere vida y vida en abundancia para todos.

Cómo entender la Espiritualidad Lasallista

Es frecuente que la palabra expresión “espiritualidad” genere más de un sentimiento encontrado. Hay quienes le temen por considerarla del más allá, casi de la otra vida. Hay quienes la adulan, porque tiene gran cabida en el más acá de sus vidas, en su aquí y ahora. Para otros/as podrá ser motivo de confusión ante la amplitud de ofertas que se pueden encontrar en el “mercado” de espiritualidades.

La nuestra no es una oferta, que se compra o se vende. La Espiritualidad Lasallista es un don de Dios para toda la Iglesia. No es dominio de nadie. Está al alcance de todos.

Se llama “espiritualidad” y se apellida “lasallista” porque proviene de la tradición lasallista. Cuando San Juan Bautista de La Salle, hace más de trescientos años, se dejó impresionar por la situación de abandono de los hijos de los artesanos y de los pobres, se sintió movido por Dios a fundar una comunidad de Hermanos para procurar educación humana y cristiana y a los niños y los jóvenes.

Esa intuición de La Salle y los primeros Hermanos se fue constituyendo en un estilo de vida, una manera de encontrar a Dios en la historia, una forma de descubrir el paso del Espíritu del Señor por sus vidas. una espiritualidad.

Hoy, en los albores de un nuevo milenio, nuestra espiritualidad expresa vitalidad y compromiso, mística y profecía:

1. Mística de ojos abiertos

La tradición lasallista de los orígenes nos habla de “no mirar nada sino con los ojos de la fe, no hacer nada sino con la mira en Dios, y atribuirlo todo a Dios” (Reglas comunes). Hoy continuamos cultivando la mística en nuestras vidas, pero una mística que no deje de contemplar la realidad en la que actúa el mismo Dios.

La actitud mística no se refiere a una “fuga mundi” para encontrar a Dios, o un desconectarse de los problemas de este mundo para obtener “claridad de espíritu”. Místicos, en palabras del padre Ignacio Madera, son aquellos hombres y mujeres que viven la existencia en Dios y desde Dios, pero no por ello se desentienden de su condición humana y su fragilidad. Por el contrario, logran percibir en su propia “vasija de barro” la gran obra del Creador, que hace nuevas todas las cosas y ofrece su gracia en abundancia justamente ahí donde abundó el pecado.

Una mística de ojos abiertos implica, entonces, saberse situado/a en el tiempo y en el espacio, sin escapismos ni mecanismos de defensa, conscientes de todo lo que nos rodea y afecta, en búsqueda de la claridad que ofrece la fe en el Dios de la vida, escuchando el murmullo de Dios en medio de las realidades mundanas y preservándonos del mal (Jn. 17,15) es decir, evitando caer en la tentación, como reza el Padrenuestro. Sólo así, en la libertad de los Hijos e Hijas de Dios, asumimos nuestra existencia plenamente y optamos por ser protagonistas de nuestra historia y de la historia que nos ha correspondido vivir.

2. La profecía de la fraternidad

Ser profeta a la manera de Jesús de Nazaret, nos compromete a globalizar nuestras fortalezas en procura de un mundo mejor, al servicio de la vida. La fraternidad es, tal vez, la mayor radicalidad del Evangelio: “ustedes no se hagan llamar maestros, porque uno solo es su maestro, mientras que todos ustedes son hermanos” (Mt. 23, 8). Para los lasallistas, la fraternidad se constituye en nuestro más preciado tesoro.

De Jesús, nuestro hermano, hemos aprendido a ser hermanos/as para amar, perdonar y practicar la misericordia sin límites. Es preciso hacernos hermanos y hermanas, profetas de la fraternidad en un mundo que adolece de gratuidad y compromiso del hombre por el hombre.

Como La Salle, tenemos necesidad de salir de nuestras pequeñeces para “dejarnos impresionar” por Dios y descubrir la grandeza de amar sin medida, de manera particular a los empobrecidos que a diario nos recuerdan el “rostro de Dios” entre nosotros. Allí, en medio de los pobres está nuestro último lugar, que siempre será el primero (Mateo 19,30). Despojados de nuestros orgullos, envidias e individualismos, podremos ser auténticos lasallistas, profetas y profetisas de la vida.

Por la fraternidad nos haremos contraculturales y daremos un sentido nuevo a las relaciones entre humanos, con frecuencia, deterioradas, instrumentalizadas, explotadas, tecnificadas, manipuladas e idólatras. Un nuevo mundo será posible si nos hacemos hermanos y hermanas, si construimos comunidades fraternas que, a imagen de la Trinidad, construyan unidad en medio de la diversidad.

Espiritualidad Lasallista
“La salvación ya está cerca de sus fieles,y la gloria habitará en nuestra tierra; la misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan”. Salmo 85
Espiritualidad Lasallista
En un país que anhela la paz, buena es la justicia constructora de paz. En un contexto desafiado por duras realidades de muerte que amenazan la vida, buena es la espiritualidad lasallista al servicio de la vida.

No tenemos dudas: la fe y la fraternidad, como la paz y la justicia, son inseparables. Cuando hay fidelidad entre dos, emergen expresiones que se pueden palpar. Eso es el beso, una manifestación del vínculo indisoluble que se teje “con el don gozoso de cada uno”. Será posible si somos hombres y mujeres de Dios. La mística y la profecía nos acercarán a unos “cielos nuevos y una tierra nueva” (Ap. 21), donde la vida sea abundante para todos/as, donde seamos hermanos y hermanas. Esa es nuestra rica herencia y nuestro compromiso en el mundo de hoy.