Etapas de formación

La vocación no se limita a una llamada inicial, o a un momento de decisión, se sitúa en una serie de llamadas y respuestas a lo largo de la existencia, en plena libertad y respetando el ritmo de cada persona. Las etapas de formación preparan al candidato para estar atento a las llamadas de Dios y de sus expectativas personales y en sus respectivas respuestas, por medio de diferentes espacios formativos en diferentes lugares del país.

1. Postulantado

Es el período de dos años que articula el acompañamiento vocacional iniciado en el Plan Ruta y el proceso de formación de los jóvenes que deciden pertenecer a la comunidad. El énfasis de esta etapa está dado por el conocimiento; es decir, por la experiencia de explorar, descubrir y afianzar el llamado a través de un proceso de discernimiento libre y comprometido. Es importante que este discernimiento se articule con un proceso de autoconocimiento que le permita al joven clarificar su vocación y confrontar sus motivaciones según su realidad personal y las exigencias del seguimiento a Jesús. Junto con el Prenoviciado, el Postulantado se constituye en la oportunidad de comenzar un itinerario de madurez humana y cristiana desde el carisma lasallista –asociados para servir educativamente a los pobres– y hacia el inicio de la etapa del Noviciado.

2. Prenoviciado

En coherencia con los dos primeros años de Postulantado, el Prenoviciado fortalece el proceso de discernimiento vocacional a través de experiencias que favorezcan la responsabilidad personal con la formación, la construcción de su itinerario espiritual, el entendimiento de la fraternidad para la misión y su compromiso con el ministerio educativo. Este tercer año proyecta el proceso formativo hacia el Noviciado; es decir, pone las bases humanas para que la vocación discernida hasta el momento se construya y fortalezca desde un proceso de interiorización espiritual. En este momento el proceso de conocimiento del joven candidato es prioritario, ya que debe dar cuenta de su madurez humana y de un conocimiento claro de las exigencias de la etapa del Noviciado.

3. Noviciado

Su énfasis está marcado por la interiorización. En otras palabras, se refiere al proceso de configuración con las exigencias del seguimiento a Jesús, desde las categorías del “juntos y por asociación” y el “servicio educativo a los pobres” propios del carisma lasallista. Particularmente este cuarto año de formación robustece el itinerario espiritual del joven Hermano, a través de la lectura orante de la Palabra, de una lectura de fe comprometida con la realidad, de la exigencia comunitaria, de la vida sacramental, del silencio y la meditación, de los escritos del Fundador y del Instituto, entre otros. Es importante que la interiorización en el Noviciado permita configurar una opción religiosa lasallista a través de una experiencia de profundidad espiritual que le dé sentido y centralidad al seguimiento de Jesús.

 

4. Escolasticado

Se constituye en los tres años de formación siguientes al Noviciado en los que se consolida e integra las dimensiones constitutivas del Hermano: humanidad, espiritualidad, fraternidad, servicio y profesionalización. Es una etapa que otorga consistencia al joven Hermano en su identidad como religioso lasallista y le permite hacer una primera síntesis de su proceso formativo inicial. En este sentido se compromete aún más con su seguimiento de Jesús, en tanto discípulo, da testimonio de su consagración como laico consagrado, de su fraternidad y robustece su ministerio apostólico según las exigencias educativas de su entorno. Merece especial atención que el joven Hermano culmine satisfactoriamente su profesionalización docente y demuestre calidad en su compromiso pedagógico y apostólico.