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Mensaje del Hno. Carlos G. Gómez Restrepo – Visitador a la Comunidad Lasallista con motivo del cierre del Año del Tricentenario.

Hemos recordado con emoción y reflexión el 300º aniversario de la pascua de San Juan Bautista de La Salle: un hecho que nos ha congregado a profundizar sobre el sentido de nuestra misión.

Por: Servicio de Comunicaciones y Publicaciones

Apreciados Hermanos, Profesores, Estudiantes, Bachilleres y Egresados Promoción 2019, Padres de Familia, Amigos y Amigas, 2019 es un año que ha marcado la historia de La Salle. Hemos recordado con emoción y reflexión el 300º aniversario de la pascua de San Juan Bautista de La Salle: un hecho que nos ha congregado a profundizar sobre el sentido de nuestra misión, el papel de los lasallistas en el mundo de hoy, y el significado de nuestra espiritualidad en los actuales contextos. Ha coincidido este año con otras efemérides: el Bicentenario de la Batalla de Boyacá y la vida republicana, el Centenario de la Coronación de Nuestra Señora de Chiquinquirá, y los 30 años del aciago 1989, quizás el año más doloroso de nuestra historia, que nos recuerda lo que nunca puede repetirse.

Ciertamente que los tiempos actuales son dramáticos: la situación mundial manifiesta convulsiones, aumento la violencia y la pérdida de la credibilidad en la política, se resquebraja la democracia, crece exponencialmente la corrupción, se diluye la sintonía entre el mundo político y las expectativas ciudadanas, aumenta la desconfianza al interior de nuestras sociedades, se destruye de manera avasallante la Casa Común, se agudiza el calentamiento global con efectos letales en la naturaleza, y una ola de pesimismo inunda nuestros corazones.

No obstante, hemos de pensar que más que dramática, la realidad nos invita a posicionarnos distintamente y poder pensar que el mundo de hoy, con todas sus problemáticas, también nos resulta fascinante. Los jóvenes quieren un futuro distinto: se apoderan de la agenda política, quieren ser protagonistas de cambios necesarios en nuestras sociedades, y apuestan más por construir el futuro que por estirar el pasado, quieren un país en paz y justicia. Los momentos de crisis también son los más proclives a la creatividad, al compromiso y a la esperanza: ¡Bienvenidos los nuevos tiempos!

La Salle hace 300 años apostó por la educación incluyente y por hacer de la escuela un espacio para la salvación, la transformación y las oportunidades. Al igual que entonces, hoy los lasallistas anhelamos continuar este legado y ser sembradores de posibilidades, valores, esperanza, y fe en un mundo mejor en el que la paz, la justicia, la equidad y la concordia puedan ser sus características distintivas.

Ponemos en las manos del buen Dios la vida de todos los lasallistas y damos gracias por el compromiso, la pasión, y la esperanza con que hemos vivido este año del Tricentenario. Deseamos a los Bachilleres de nuestros Colegios y a los Egresados de nuestras Instituciones de Educación Superior muchos parabienes y felicidades: que sus anhelos se hagan realidad y que los horizontes que se avizoran les inspire los caminos hacia la conquista de sus sueños.

También expresamos nuestra gratitud a los maestros que en el cotidiano siembran la buena semilla del amor, la ciencia y la solidaridad; a las familias que creen y apoyan la propuesta lasallista; a los muchos niños, niñas y jóvenes que se educan con nosotros y encuentran inspiración para sus vidas, al personal administrativo y de apoyo que velan para que la misión se pueda desarrollar, a los egresados que viven con responsabilidad sus profesiones y empleos, a mis Hermanos que intentan siempre ser testigos de Jesucristo en el mundo de la educación.

Así, con la mirada puesta en Dios, nuestra fe en la bondad del ser humano y nuestro compromiso con la niñez y la juventud, avanzamos hacia los horizontes demandantes y apasionantes de este Siglo XXI. La convicción de que un mundo mejor es posible nos mueve, la pasión por la humanidad nos congrega, y la esperanza nos alienta en el camino.

Gracias, muchas gracias y todas las bendiciones del Dios de la Vida. Loor a quienes nos precedieron y confianza en los que llegarán. Gracias Lasallistas de corazón.

¡Viva Jesús en nuestros corazones! ¡Por siempre!