Ser peregrinos de Esperanza como Lasallista

Ser peregrinos de la esperanza en la Ciudad Eterna, Roma, ha sido mucho más que un viaje: fue una experiencia que quedará grabada para siempre en lo más profundo de nuestra memoria y en lo más hondo del corazón como Lasallistas que nos aventuramos a esta experiencia de iglesia que se celebra cada 25 años. Del 28 de julio al 04 de agosto se vivieron días llenos de espiritualidad, reflexión y asombro, en los que cada instante y cada rincón sagrado nos regalaban una conexión única con lo divino.

Desde el primer amanecer en Roma, nació en nosotros el deseo de caminar sus calles empedradas, dejarnos abrazar por su historia milenaria y adentrarnos en el alma que habita en cada muro y en sus imponentes construcciones. En cada basílica, la esperanza se encendía al ver multitudes de jóvenes que, en largas filas, entonaban con fervor cánticos e himnos en múltiples lenguas, unidos por la misma fe.

También nos adentramos en el corazón histórico de Roma, donde cada piedra tiene siglos de historia. Caminamos entre los muros majestuosos del Coliseo, nos maravillamos con la perfección arquitectónica del Panteón, recorrimos el Foro Romano y el imponente monumento a Vittorio Emanuele II desde donde pudimos contemplar la ciudad desplegándose a nuestros pies.

Roma no solo nos habló desde su historia civil; nos habló también desde su alma religiosa. En la Basílica de Santa María la Mayor, cruzamos en silencio y oración una de sus puertas santas, y rezamos con recogimiento ante la tumba de Francisco. El Vaticano, centro vivo de la fe católica, nos sobrecogió con su inmensidad; allí oramos con profunda emoción a los pies de la imagen de nuestro fundador. En San Juan de Letrán, catedral de Roma, también atravesamos una de las cuatro puertas santas, mientras que en la iglesia de San Ignacio de Loyola quedamos maravillados por la belleza de sus frescos, que parecían abrirnos las puertas del cielo.

La oportunidad de reunirnos en la Casa Generalizia con otros más de 350 jóvenes nos permitió reconocer la riqueza y vitalidad de nuestra identidad y espiritualidad lasallista, en la que jóvenes, maestros y Hermanos tuvimos ocasión de celebrar juntos y sentirnos como una sola Familia Carismática experimentando en el marco del Jubileo que el legado y la memoria del Fundador se recrea, adapta a los contextos y sigue dando sentido a las realidades actuales. Fue significativo el encontrarnos alrededor de 40 hermanos de todas las edades y regiones del mundo, que con nuestro hábito religioso, también fuimos signos de vitalidad vocacional y miembros de un Instituto que sigue siendo de grandísima necesidad para el mundo.

Peregrinar e ir en salida hacia Tor Vergata donde tendríamos la Vigilia y la Eucaristía con el Papa además de significar un esfuerzo físico significativo y de impregnarse de la vida eclesial a ritmo de cantos, arengas, oraciones y banderas de muchos rincones del mundo, se pudo experimentar momentos de interioridad profundos donde un millón de personas reunidos pudimos orar frente al Santísimo y en la que nosotros pudimos poner en oración las realidades familiares, personales, comunitarias y del Distrito, en el silencio absoluto de aquel lugar se pudo escuchar la tenue voz de Dios en una fría noche. Las respuestas del Papa León XIV a las preguntas de los jóvenes dejó entrever su profunda cercanía a una Iglesia que acompaña la vida de las personas y de un Dios que ha de ser el centro de nuestra amistad que construimos y de las decisiones valientes que tomamos. Allí mismo el Papa, como si estuviera hablando con su antecesor en una llamada de amigos, le hizo saber a Francisco que la juventud del mundo había cumplido la cita que él había motivado para conmemorar como una Iglesia, la esperanza que da razones para creer, esperar y construir un mundo de paz.

En nombre de los estudiantes Sara Pardo (Colegio La Salle, Bogotá), Emily, Damián Chamorro, Isabel Montero, Mariana, Angie Sanabria, Isabel Martin (Liceo Hermano Miguel, Bogotá), Alejandra Martínez (San Vicente del Caguán, Caquetá), de los egresados David Suárez (Sagrado Corazón de Jesús, Cúcuta), Tatiana Rincón (Escuela Tecnológica Instituto Técnico Central, Bogotá) y de los maestros Angie Cardozo y John Gelvez (Liceo Hermano Miguel, Bogotá) y Cesar Alvis (Juan Luis Londoño, Bogotá) y de nosotros los Hermanos Leonardo José, Juan Diego y Juan Felipe damos gracias a Dios por esta experiencia de Jubileo, al Distrito Lasallista de Bogotá por la oportunidad dada y a las familias por el voto de confianza y respaldo para vivir esta experiencia formativa y religiosa.

¡Viva Jesús en nuestros corazones… Por siempre!

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