“En guardia y dispuestos a construir fraternidad”
Entre caminos, retos, risas, momentos de silencio y nuevos encuentros, 31 jóvenes de diferentes obras educativas del Distrito Lasallista de Bogotá se reunieron para vivir una experiencia de fe, aventura y fraternidad. Durante tres días, la Finca El Cortijo se convirtió en el escenario para reconocerse como comunidad, afrontar desafíos, compartir la vida y descubrir que la fraternidad se construye entre todos.
Bajo el lema “En guardia y dispuestos a construir fraternidad”, el II Campamento Distrital Torres Almenadas propuso un camino de llegar, habitar y pertenecer; construir fraternidad; y ser enviados a construir fraternidad. Cada momento permitió colocar una nueva pieza en la Torre que simboliza una comunidad que se levanta cuando cada persona aporta lo mejor de sí.
Una Torre que se reconoce
El camino comenzó con “Llegar, habitar y pertenecer”: encontrarse con nuevos rostros, compartir historias y descubrirse parte de una comunidad lasallista más amplia. La caminata, los espacios de encuentro y la construcción de la identidad de cada grupo ayudaron a comprender que pertenecer significa sentirse parte y disponerse a construir con otros. También hubo espacio para detenerse, mirar hacia dentro y encontrarse con Dios. La oración, la interioridad, la adoración y la celebración permitieron reconocer su presencia en la propia vida, en los demás y en la creación.
Una Torre que se construye
La fraternidad se puso a prueba en los retos. La maraña, la caminata y las actividades grupales permitieron experimentar que las dificultades también son oportunidades para crecer. Trabajo en equipo, confianza, comunicación, perseverancia y liderazgo fueron algunos de los aprendizajes reconocidos por los participantes. La fraternidad dejó de ser una palabra para convertirse en gestos concretos: escuchar, acompañar, confiar, animar y aportar. Así, el liderazgo fue descubierto no como protagonismo, sino como servicio a la comunidad. Cada reto
superado y cada experiencia compartida añadió una nueva pieza a la Torre.
Una Torre que permanece
El último momento, “Ser enviados a construir fraternidad”, recordó que el campamento no termina con el regreso a casa. Lo vivido está llamado a continuar en cada obra educativa, en cada grupo de Torres Almenadas y en cada
compromiso asumido.
Los participantes expresaron su deseo de continuar vinculados a la pastoral, compartir lo aprendido, acompañar a otros jóvenes y fortalecer la fraternidad en sus comunidades.
- La Torre que se reconoce habla de identidad, pertenencia y encuentro con Dios.
- La Torre que se construye habla de fraternidad, confianza, trabajo en equipo y liderazgo.
- La Torre que permanece habla de compromiso, servicio y misión.
Al regresar a sus obras educativas, los jóvenes llevan consigo mucho más que una camiseta, una pañoleta o unas insignias: llevan rostros, historias, aprendizajes y compromisos. Porque la fraternidad se construye cada día y la Torre permanece cuando cada uno comprende que tiene una pieza que aportar.






