Hay escuelas que se recuerdan por los temas vistos, por las diapositivas o por aquello que quedó escrito en un cuaderno. POLITEIA 2026 se recuerda, sobre todo, por las personas.
Bucaramanga nos recibió para vivir varios días en los que hablar de política significó mucho más que hablar de gobiernos, elecciones o instituciones. Desde el comienzo entendimos que estábamos allí para hacernos preguntas: ¿qué significa ser líder?, ¿qué necesita Colombia de nosotros?, ¿qué hacemos con nuestra voz?, ¿cómo aprendemos a convivir con quien piensa diferente?, ¿puede la política ser también una manera de servir?
El Hno. Brayan Stivens Pájaro Puello, director de POLITEIA, tenía una pedagogía particular para recordarnos que el liderazgo no podía quedarse en el discurso. Durante la jornada observaba a los estudiantes y, al encontrarse con ellos, podía ocurrir una de dos cosas: un toque en la cabeza o un toque en el hombro.
Si tocaba la cabeza, era una manera sencilla de decir: hoy tu liderazgo se hizo visible. Algo había ocurrido: una iniciativa, una palabra oportuna, una forma de acompañar al grupo, una participación, una actitud de servicio.
Pero si la mano llegaba al hombro, el mensaje cambiaba: hoy todavía no te he visto liderar. No hacía falta un discurso. Bastaba el gesto.
Cuando algunos descubrieron su propia voz
Hubo jóvenes que seguramente sabían que tenían cosas importantes que decir, pero todavía no habían descubierto cómo decirlas frente a otros.
Los ejercicios de oratoria y expresión corporal se convirtieron entonces en algo más que una actividad formativa. Para algunos fueron el lugar donde apareció un talento que estaba escondido. Una voz que comenzó tímida terminó proyectándose en el salón. Una idea que parecía difícil de organizar encontró palabras. Un joven que quizá prefería permanecer entre el público terminó descubriendo que también podía ponerse frente a él.
También aprendimos a liderar cantando
Pero POLITEIA no ocurrió solamente dentro de los bloques formativos. Una tarde apareció un acordeón. Y con él apareció otra manera de encontrarnos.
Un estudiante, con una habilidad extraordinaria para tocarlo, comenzó a llenar el espacio de vallenato. Luego apareció la voz de una joven que sorprendió por su talento para cantar. Nos juntamos a parchar. A cantar. A reír. A descubrir talentos que ninguna ficha de inscripción había anunciado. Entre acordeón, canto y risas, aquella parranda terminó enseñándonos algo que difícilmente cabía en una presentación: la fraternidad también forma líderes.
Callejeamos el liderazgo.
Hubo un momento en que Bucaramanga dejó de ser solamente la ciudad que hospedaba POLITEIA y se convirtió también en parte de la Escuela. Salimos. Caminamos.
El recorrido permitió acercarnos a lugares culturales e históricos de Bucaramanga y su entorno. La ruta propuesta contempló espacios como la Parroquia San Laureano, la Casa del Libro, la Plazoleta Cívica Luis Carlos Galán, la Casa de Bolívar, además de lugares de Floridablanca y el Cerro del Santísimo. Pero el verdadero recorrido no estaba solamente en los lugares. Estaba en la gente. Los jóvenes salieron a preguntar. A escuchar. A conversar con personas que no conocían.
Las preguntas giraron alrededor de Colombia, sus realidades y la cultura de paz. De repente, aquello que habíamos discutido dentro de un salón tenía rostro, voz y opinión. Y eso transformó el ejercicio. POLITEIA nos recordó entonces que un líder no puede interpretar una realidad que nunca se detiene a escuchar.
Las ideas también tuvieron que ponerse a prueba
En POLITANK, las buenas intenciones tuvieron que convertirse en propuestas. Ya no bastaba con decir: “esto está mal”. Había que preguntarse: ¿y nosotros qué proponemos? Los jóvenes analizaron problemáticas, organizaron ideas, construyeron alternativas, argumentaron y defendieron aquello que habían pensado.
También estuvieron los debates, el Consejo de los Siete, las reflexiones, los momentos espirituales y tantas conversaciones que continuaron incluso cuando terminaba oficialmente un bloque. Porque hubo ideas que siguieron caminando por los pasillos. Preguntas que llegaron hasta el comedor. Debates que continuaron entre amigos. Y conversaciones que quizá todavía siguen abiertas.
Jóvenes alegres, pero también profundamente comprometidos
POLITEIA tuvo algo especialmente valioso: los jóvenes fueron protagonistas.
No estuvieron allí solamente para escuchar lo que los adultos tenían que enseñarles. Preguntaron. Cuestionaron. Debatieron. Propusieron. Cantaron.Caminaron.Rezaron.Se equivocaron.Volvieron a intentarlo.Y aprendieron a escucharse..
Encontramos jóvenes con un profundo sentido de justicia. Jóvenes que conocen las heridas de Colombia, pero que se niegan a pensar que la violencia sea la única respuesta posible. Jóvenes capaces de hablar de inclusión, paz, equidad y cuidado. Jóvenes con grandes capacidades de liderazgo y otros que apenas comenzaron a descubrirlas.
POLITEIA no terminó en Bucaramanga
Llegó el último día.Se entregaron certificados, llegaron las despedidas y cada delegación comenzó a pensar nuevamente en su ciudad, su colegio y su comunidad. Pero algo había cambiado.
Quienes regresaron no eran exactamente los mismos jóvenes que habían llegado.Algunos habían descubierto su voz.Otros comprendieron que necesitaban escuchar más.Algunos encontraron una capacidad para argumentar. Otros descubrieron una causa.
Por eso, cuando se apagaron las luces, POLITEIA no terminó. Bucaramanga fue solamente el lugar donde nos encontramos. La verdadera Escuela comienza cuando cada joven vuelve a su territorio.
Y quizá alguno recuerde aquella mano que se acercaba lentamente y se pregunte:
“¿Hoy será cabeza o será hombro?”
Porque POLITEIA 2026 nos dejó una certeza sencilla: otro mundo es posible, pero necesita jóvenes dispuestos a pensar diferente, caminar juntos y hacer visible su liderazgo allí donde la realidad los necesita.






