9.ª JOJULA 2026: tocando el corazón de Dios sirviendo a los demás

Hay experiencias que comienzan mucho antes de la fecha señalada en el calendario.

La 9.ª Jornada Juvenil Lasallista – JOJULA 2026 empezó a tomar vida en cada visita de la Secretaría de Pastoral a las obras educativas, cuando jóvenes y maestros preguntaban por ella, expresaban su deseo de participar y dejaban ver la expectativa de volver a encontrarse.

En medio de los múltiples desafíos, proyectos y responsabilidades de la misión pastoral, la JOJULA continuaba latiendo como uno de esos sueños capaces de reunirnos y recordarnos por qué vale la pena caminar juntos. Hubo incertidumbres, tiempos ajustados y dinámicas institucionales exigentes, pero también una motivación compartida que no dejó apagar el entusiasmo.

Finalmente, del 2 al 4 de octubre de 2026, el sueño se hizo realidad. El Instituto San Bernardo de La Salle, en el marco de la celebración de sus 110 años, se convirtió en la sede y anfitriones de esta gran aventura. El Hno. Carlos Andrés Forero Forero, como Rector del Instituto, junto a su equipo directivo y de pastoral, la delegación anfitriona y quienes cuidaron cada detalle hicieron posible que 285 asistentes de 17 obras educativas se sintieran parte de una misma familia.

Bajo el lema “Lasallistas tocando el corazón de Dios sirviendo a los demás”, comenzaron tres días llenos de encuentro, formación, oración, fraternidad y servicio.

La emoción se hizo visible desde la llegada. Algunos jóvenes volvieron a encontrarse con amigos de otras ciudades y obras educativas, y los abrazos largos revelaron historias compartidas en anteriores experiencias pastorales. Otros llegaban por primera vez, con algo de expectativa y curiosidad, pero pronto descubrieron esa forma particular de relacionarnos que nace cuando nos sabemos parte de La Salle: acercarnos, conversar, acoger al otro y construir comunidad incluso con quienes acabamos de conocer.

Poco a poco, las delegaciones dieron paso a ocho comunidades conformadas por jóvenes y adultos de distintas ciudades, obras y trayectos. En ellas se hizo evidente que la pastoral es un fuego que reúne, ilumina y moviliza. Un fuego que no se guarda para sí mismo, sino que se comparte y se convierte en oración, amistad, liderazgo y servicio.

Los espacios formativos invitaron a moverse, conversar, escuchar y construir juntos. Los espacios Parmenia, los momentos de silencio, las celebraciones y la oración ayudaron a volver al corazón para reconocer que la interioridad no nos aleja de la realidad: nos prepara para regresar a ella con mayor fuerza, conciencia, sensibilidad y compromiso.

Ese regreso a la realidad tuvo un rostro muy concreto en las visitas a los Centros de Proyección Social. Allí, el encuentro con niños, personas mayores, familias y comunidades permitió escuchar historias, reconocer otras formas de vivir y comprender que servir no significa solamente llevar ayuda. Servir también es acercarse con respeto, aprender del otro y permitir que su historia transforme la propia.

Los stands preparados por las obras educativas también encendieron el orgullo y la esperanza. Los jóvenes presentaron sus experiencias de proyección social con seguridad, conocimiento y entusiasmo. Por un momento, fueron ellos los expertos: explicaron sus procesos, compartieron aprendizajes y mostraron cómo sus comunidades educativas hacen presencia en los territorios. Verlos tan apropiados de lo que realizan confirmó que la pastoral adquiere mayor fuerza cuando los jóvenes pueden contarla, liderarla y sentirla como parte de su propia vida. Este momento dejó entrever la vitalidad y riqueza que tiene el Distrito Lasallista de Bogotá en todo el país en una opción clara preferencialmente por los más empobrecidos.

La JOJULA (Jornada Juvenil Lasallista) también hizo visible la riqueza de trabajar juntos y por asociación. Hermanos, seglares, maestros, familias, agentes pastorales, expertos y jóvenes aportaron sus talentos para sostener la experiencia. Las comisiones, la Comunidad Asesora y los acompañantes estuvieron presentes en la formación, la liturgia, la música, la animación, las comunicaciones, la logística y el cuidado de las comunidades. Cada servicio, incluso el que no siempre se veía, ayudó a mantener encendido el corazón de la Jornada.

Y quizá uno de los aprendizajes más hermosos fue confirmar que la construcción pastoral es verdaderamente intergeneracional. Los adultos pueden orientar y acompañar desde su experiencia, pero también necesitan dejarse enseñar por la creatividad, las preguntas, la sensibilidad y la capacidad de soñar de los más jóvenes. En la JOJULA todos tuvieron algo para ofrecer y algo nuevo que aprender.

La alegría de los rostros, las conversaciones, los abrazos, la oración compartida y el deseo de seguir sirviendo confirmaron que la pastoral tiene valor y sentido. Es fuego y alma para nuestro Distrito porque nos ayuda a encontrarnos con Dios en la vida, en la comunidad y, especialmente, en quienes nos llaman a salir de nosotros mismos.

La 9.ª JOJULA terminó, pero su fuego no puede quedarse únicamente en el recuerdo. Cada participante regresó a su obra con aprendizajes, preguntas, nuevos vínculos y compromisos que necesitan encontrar caminos para hacerse vida. Ahora corresponde seguir fortaleciendo el Movimiento Indivisa Manent, el Movimiento Levadura, los Centros de Proyección Social y todas aquellas iniciativas que permiten transformar la realidad y construir el Reino de Dios desde lo cotidiano.

Con todo lo vivido, aprendido y sentido, ya comenzamos a soñar la 10.ª JOJULA. Una nueva oportunidad para volver a encontrarnos, celebrar la fe, renovar la fraternidad y recordar que, cuando la pastoral enciende el corazón, siempre aparecen nuevas razones para caminar, servir y transformar juntos.

¡Viva Jesús en nuestros corazones! ¡Por siempre!

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