Llegar con la vida a cuestas
Llegamos de nueve obras educativas: colegios de Bogotá, la Universidad de La Salle y delegaciones de Bucaramanga y Cartagena. Veníamos de los trayectos Sombreros, Lazos y Leones. Muchos traíamos un año intenso y una agenda llena de urgencias. Una participante lo dijo con sencillez: este año “ha sido distinto para mí”. El Foro nos esperaba con una invitación que al principio parecía simple y terminó siendo exigente: detenernos.
Subir a Parmenia
El primer gran momento fue volver a la historia. Con el Hno. Diego Díaz recorrimos el itinerario de San Juan Bautista de La Salle y su experiencia en Parmenia. Conocimos la carta que lo hizo volver a la misión. Para muchos fue un descubrimiento; para otros, un recuerdo que se volvió pregunta personal: “¿cuál es ese espacio para Parmenia en mi vida?”
Allí entendimos algo que repetimos durante todo el Foro: “sin Parmenia no existe la proyección social”. Otra voz lo resumió así: “la misión sin raíz espiritual se agota, el servicio con interioridad se transforma”.
Volver a nosotros mismos
Luego vino el camino hacia adentro. La charla de Eliana y el taller por grupos sobre interioridad nos tocaron de cerca. Una participante contó que se sintió “muy tranquila y escuchada”. Otra descubrió que, antes de ponerse al servicio de la comunidad, debía “sentir que soy persona antes que servidora”.
Esa fue una de las enseñanzas más fuertes: “para servir tenemos que ser y estar”. También la reconocimos en otra forma: “si no estoy bien yo, no me puedo entregar al mundo”.
El desierto y el silencio
El tercer día nos ofrecieron un espacio de desierto. Fue, para muchos, el momento más significativo. El Hno. Camilo Alarcón nos acompañó a pasar “de la anécdota al relato de fe” y a mirar nuestro interior: qué hemos hecho bien, qué mal y qué a medias.
Algunos confesaron que hacía mucho no sacaban tiempo para eso. Uno dijo que no aclaró del todo su mente, pero sí reflexionó y oró por su familia y sus amigos. Otra lo vivió como un espacio para “desahogarme y agradecer”. En el silencio aprendimos a centrar la atención “en lo importante y no en lo urgente” y a reconocer que “lo magnífico del ser humano es su fragilidad”.
Testimonios que inspiran
También nos marcaron las personas. La Hna. Isabel nos sorprendió con su manera de vivir el servicio y con el liderazgo que ha construido desde la proyección social. Una participante dijo que era “el reflejo de lo que se gesta en Levadura”. Las intervenciones del maestro Sebastián, nos invitó a mantener el fuego del amor y el servicio encendido.
Descubrir que no estamos solos
Entre una charla y otra, los grupos se mezclaron. Las actividades lúdicas nos hicieron compartir “no solo por delegaciones sino como personas”. Descubrimos que “no somos los únicos ni los primeros”, y que hay otros que quieren transformar la realidad desde el lugar donde están.
Como grupos reconocimos nuestras fortalezas: la disposición de estar, servir y apoyar; el amor por lo que hacemos; la diversidad de talentos; y una oración que “nos ha sostenido para seguir trabajando y avanzando”.
Bajar de la montaña
Al cierre, la pregunta ya no era qué aprendimos, sino qué vamos a hacer. Una participante lo dijo claramente: “no quedarme en Parmenia, sino bajar y seguir el camino”. Otra se llevó una pregunta que piensa mantener viva: “¿Dónde está tu hermano?”
Los grupos se sintieron llamados a revisarse, a replantear cómo trabajan y a asumir un reto concreto: “consolidar la comunidad para mantener viva la llama”. Hablamos de sistematizar nuestras experiencias, de dejar un legado y de abrir cada encuentro con un espacio Parmenia. También de vivir Levadura “más allá del documento” y de ir hacia las comunidades más vulnerables. Los universitarios pidieron no perder su perspectiva de servicio y abrir la puerta a más estudiantes.
No todo fue perfecto. Los desplazamientos cansaron a quienes veníamos de lejos, a veces faltaron puntualidad y espacios, y algunos soñamos con vivir todo el Foro en un solo lugar. Aun así, reconocimos el cuidado de los organizadores, la buena comida, los espacios y la cercanía del equipo asesor.
Volvimos a nuestras obras con una certeza que una participante resumió así: “primero oramos juntos, luego aprendemos lo que implica servir y ser comunidad”. Como la levadura en la masa, ahora nos toca fermentar desde adentro.






